25 años de IMPACK:

de una idea concebida en un garaje a una empresa global de ingeniería

Hace veinticinco años, IMPACK comenzó con un reto y un joven estudiante de ingeniería que no dejaba de pensar en cómo resolverlo.  

Desde sus inicios, IMPACK ha crecido hasta convertirse en una compañía que diseña y fabrica máquinas de automatización para fabricantes de envases de todo el mundo. Sin embargo, además de las novedosas máquinas, gran parte de aquella primera esencia sigue estando intacta.  

 

Con esta primera máquina, las soluciones de IMPACK han aligerado la carga de trabajo del personal al final de la línea.

Todo comenzó con un reto 

Antes de que naciera IMPACK, ya existía el instinto creativo de Dominic Thériault. 

De niño, a Dominic le intrigaba cómo funcionaban las cosas. Recuerda pasar horas jugando con Legos y construyendo cosas con su hermano. Después, sus estudios de ingeniería y sus prácticas profesionales en la industria del envase y embalaje le permitieron llevar esa curiosidad a la práctica. Comenzó a detectar procesos que podían mejorarse e imaginar máquinas capaces de hacerlo.  

Mientras aún estudiaba en la universidad, Dominic trabajaba como consultor para una empresa de envases de cartón plegable que tenía dificultades con el encajado de sus productos. Incluso durante sus etapa en la universidad, comenzó a esbozar diseños de máquinas de encajado. 

De repente, surgió la idea que acabaría dando origen a IMPACK. 

«Iba conduciendo por la autopista cuando se me ocurrió el concepto de mi primera máquina. Tuve que orillarme para dibujarla rápidamente. ¡No quería que se me olvidara!»

— Dominic Thériault, presidente y fundador 

Dominic patentó el concepto y se lo presentó al cliente. Esa primera versión funcionó en producción durante varios años.  

La experiencia obtenida reveló un potencial que trascendía el éxito de una sola máquina. El encajado al final de las líneas de plegado-encolado seguía requiriendo mucho trabajo manual, un área en la que una mejor automatización podía marcar la diferencia. Hoy por hoy, ese mismo reto sigue siendo el eje central de IMPACK.   

 
La innovación en sus inicios: Dominic buscando soluciones a los desafíos, convencido de que la idea funcionaría.

 

Construir máquinas con los recursos disponibles. 

Los comienzos fueron modestos en todos los sentidos. 

El proyecto recibió el apoyo del Centre d’entrepreneuriat de l’ÉTS de Montreal (CENTECH), pero el trabajo en sí comenzó en la casa de Dominic, en Saint-Jacques, y en el garaje de su primo Bruno Mercure. 

No contaban con equipos de manufactura sofisticados. Dominic y su primo construían modelos con piezas de madera. Usaban taladros como motores. 

Tras una primera financiación, en 2002 la joven empresa se instaló en un antiguo taller de reparación de tractores y acondicionó el espacio por su cuenta. Todo era muy rudimentario: en la sección del edificio que ocupaban no había baño, así que tenían que usar el del edificio contiguo, que no tenía calefacción.  

A pesar de las limitaciones había una determinación férrea.  

Al mirar una fotografía de aquellos primeros años, Dominic recuerda no solo la emoción, sino también la presión que conllevaba. 

«Aún no habíamos vendido nada. Solo estábamos desarrollando. Poner en marcha una nueva empresa y asumir los costos de I+D me estaban endeudando. La máquina tenía que funcionar».  

Su enfoque de ingeniería se basaba en la misma perseverancia: creía que siempre existía una solución; solo había que encontrarla. Pasó noches a solas en el taller intentando resolver un problema hasta que por fin llegó daba con la solucion. 

«A veces me pasaba toda la noche en el taller. Una vez, encontré la solución a las 5 de la mañana».  

 
Mathieu Tremblay, Frédéric Gylbert, Dominic Thériault, Michel Beauséjour y Yann Savoie junto a uno de los primeros prototipos.

Un club estudiantil que se convirtió en empresa 

Dominic reunió a un grupo de compañeros de ingeniería, entre ellos Mathieu Tremblay y Michel Beauséjour, quienes más adelante desempeñarían un papel importante en la historia de IMPACK. 

Mathieu Tremblay, actual director general, recuerda con cariño aquellos primeros años. 

«Durante los primeros años, aquello se parecía más a un club estudiantil que a una empresa. No sabíamos muy bien lo que hacíamos, ¡pero lo hacíamos con pasión y determinación!»

— Mathieu Tremblay 

Detrás de la anécdota había algo de verdad. 

 

El equipo tuvo que empezar desde cero: encontrar proveedores, seleccionar componentes, diseñar máquinas, elaborar planos eléctricos, desarrollar programas, identificar las normas aplicables y entender cómo cumplirlas. 

«Fuimos aprendiendo sobre la marcha», recuerda Mathieu.  

La falta de experiencia se compensaba con curiosidad y disposición para experimentar. 

Dominic recuerda cómo el pequeño equipo se reunía alrededor de las máquinas para debatir qué podían cambiar y mejorar. No contaban con los recursos para llevar adelante todas las ideas, así que debían elegir cuáles desarrollar y comercializar para financiar las siguientes.  

De esa etapa surgieron las bases de la primera línea de productos de IMPACK, que incluía la encajadora automática VIRTUO, la encajadora semiautomática ERGOSA y el inversor automático de lotes MFA.  

2013-01-08 Work in progress

 

El trabajo colaborativo define el enfoque de IMPACK. Michel Beauséjour, Dominic, Jonathan Lemay, Mathieu y Michael Persechino junto a la MFA, enero de 2013.

Aprender de la mano con los clientes 

Una de las características distintivas de aquellos primeros años fue que el desarrollo rara vez se hacía de forma aislada. 

«Éramos un equipo pequeño con derecho a soñar», recuerda Dominic.

Cuando alguien tenía una idea prometedora, el procedimiento era sencillo: construir un prototipo y ver qué pasaba.

Muchos de esos prototipos se desarrollaron con clientes dispuestos a probarlos en condiciones reales de producción. Esa colaboración dio lugar a un ciclo continuo: IMPACK desarrollaba una solución, los clientes la probaban y su experiencia permitía identificar el siguiente desafío a sortear. 

A medida que se fortalecían estas relaciones, el intercambio comenzó a ser mutuo. Los clientes empezaron a ver en IMPACK algo más que un proveedor de equipos. Veían a un equipo de ingenieros dispuesto a resolver los retos de producción que enfrentaban. Algunos comenzaron a acudir directamente a IMPACK con sus retos, confiando en que el equipo exploraría alternativas y crearía soluciones que no había disponibles entonces. Esta estrecha colaboración y la disposición a experimentar se convirtieron en parte de la cultura de IMPACK. 

No se trataba de saber de antemano si todas las ideas tendrían éxito. La clave era crear un entorno donde las ideas pudieran explorarse antes de descartarlas. 

«La empresa nació para hacer realidad las ideas que teníamos en mente.  Simplemente queríamos crear». — Dominic Thériault 

Nuestros primeros pasos más allá de Quebec 

Para 2005, IMPACK estaba listo para expandirse más allá de su mercado local. La empresa comenzó a incursionar en el mercado estadounidense, que, según Dominic, sigue siendo muy importante para IMPACK.  

Después fue Europa, donde IMPACK instaló su primera máquina en 2008. 

El crecimiento iba viento en popa, hasta que la crisis financiera mundial lo cambió todo. 

Los ingresos cayeron drásticamente e IMPACK atravesó uno de los períodos más difíciles de su historia. En vez de recurrir a los despidos, la empresa hizo un esfuerzo conjunto por conservar a su equipo principal y afrontó la crisis proyecto a proyecto, con el apoyo de programas gubernamentales.  

Esta experiencia puso de manifiesto un valor que sigue definiendo a IMPACK: poner a las personas en primer lugar. Proteger al equipo era preservar no solo los empleos, sino también el talento, la experiencia y la colaboración que impulsarían el crecimiento futuro de IMPACK. 

Esta etapa sentó las bases para uno de los momentos decisivos en la historia de IMPACK. 

 

Dominic Thériault, Maxime Jacques y Mathieu Tremblay en Drupa 2016

De empresa emergente a referente global 

En 2012, IMPACK estableció una alianza internacional con uno de los principales fabricantes de plegadoras-encoladoras del mundo. 

Para Mathieu, esa alianza marcó un antes y un después en la historia de IMPACK. 

«El acuerdo de representación de 2012 fue decisivo.  Nos dio visibilidad y nos permitió jugar en las grandes ligas». — Mathieu Tremblay  

La alianza le dio a IMPACK acceso a una red de ventas global y mayor visibilidad entre los fabricantes de envases de todo el mundo. También aportó información muy valiosa del mercado, lo que impulsó al equipo a perfeccionar continuamente su tecnología.  

Ese mismo año, 2012, marcó otro hito simbólico: IMPACK participó por primera vez en la feria Drupa. 

Cuatro años después, en Drupa 2016, Dominic recuerda haberse dado cuenta de que algo fundamental había cambiado. 

«En 2016, le escribí a mi hija: “Lo logramos”. Todo el mundo quería hablar con nosotros y hacer negocios».  

Aquel pequeño proyecto de ingeniería se había convertido en una empresa con presencia en la industria global del envase y embalaje. 

Crecer sin perder la esencia 

El crecimiento trajo un nuevo reto: ¿cómo convertir una pequeña empresa emergente en una organización estructurada sin perder su creatividad? 

Para IMPACK, la innovación siguió siendo el eje central en torno al cual creció el resto de la empresa. 

Tal como dice Mathieu: 

«Sin innovación, IMPACK seguiría siendo una empresa muy buena, pero ya no sería IMPACK».  

Hoy la empresa tiene otra dimensión.  Las áreas de ingeniería, fabricación, ventas, marketing, administración y servicio tienen funciones bien definidas. Ahora, equipos especializados pueden dedicarse a la producción mientras otros se concentran en I+D. Esto era imposible cuando las mismas pocas personas tenían que desarrollar, fabricar, comercializar e instalar las máquinas.  

Aunque IMPACK ha crecido, David Leblanc, director de Ingeniería, distingue en su equipo la misma esencia de aquellos primeros años: 

«IMPACK ha crecido considerablemente a lo largo de los años, pero conserva el espíritu de antaño. Todos pueden aportar ideas, cuestionar las prácticas habituales y contribuir a mejorar nuestras máquinas. «Ese deseo de innovar, experimentar y encontrar mejores formas de hacer las cosas es lo que nos sigue caracterizando». — David Leblanc 

Hoy, esa cultura va mucho más allá de la ingeniería. IMPACK describe a su equipo como personas que se interesan en otras, se animan mutuamente a superarse y crecen juntas.

La curiosidad y la colaboración siguen marcando la forma en que la empresa aborda su trabajo. 

De un pequeño grupo de estudiantes a una empresa propiedad de sus colaboradores 

Desde 2005, IMPACK ha adoptado un modelo de negocio cooperativo que permite a sus colaboradores convertirse en accionistas y participar en el éxito de la empresa. A diferencia de las empresas tradicionales, una cooperativa promueve la participación colectiva, la responsabilidad compartida y la prosperidad a largo plazo.  

Este modelo refleja la convicción de IMPACK de que quienes contribuyen a construir la empresa también deben beneficiarse de su crecimiento. Hoy, esta filosofía sigue siendo fundamental para la cultura de IMPACK y fomenta el sentido de pertenencia, la colaboración y el compromiso con el futuro de la empresa. 

 

El liderazgo también ha evolucionado. Mathieu Tremblay se incorporó a IMPACK en 2003 como becario de ingeniería eléctrica y automatización, cuando la empresa tenía apenas cinco empleados. En 2025, asumió el cargo de director general. Dominic pasó a desempeñar un rol más estratégico como presidente, centrado en la estabilidad de la empresa y su desarrollo futuro.  

Quizá el mejor reflejo de cuánto ha cambiado IMPACK en estos 25 años sea la respuesta de Dominic cuando le preguntan de qué se siente más orgulloso. 

«Al principio, nos sentíamos orgullosos de nuestras innovaciones y patentes.  Después, del número de máquinas vendidas y de los países donde las habíamos instalado. Pero hoy, nuestro mayor orgullo es la gente». — Dominic Thériault  

Es una evolución notable para aquel joven ingeniero que, junto a los primeros prototipos, intentaba encontrar soluciones sobre la marcha. 

Seguimos construyendo 

Veinticinco años después de aquellos primeros experimentos en un garaje, IMPACK sigue en expansión. 

En junio de 2026, comenzaron las obras de una nueva instalación junto a la sede de IMPACK en Saint-Jacques. La ampliación tendrá seis puestos de montaje, un muelle de carga y descarga exclusivo, modernas oficinas y un almacén centralizado de piezas. Así, las instalaciones actuales dispondrán de más espacio para ingeniería, puesta en marcha de máquinas y desarrollo de nuevos productos. 

Es cierto que el entorno es muy distinto al antiguo garaje de tractores de 2002. 

Pero la motivación sigue siendo la misma. 

Hoy, hemos instalado más de 1 000 máquinas en 29 países. Aún quedan máquinas por mejorar. Retos para los que aún hay margen de mejora. Ideas a la espera de ser puestas a prueba. Y un equipo dispuesto a preguntarse: «¿Y si probamos esto?» 

 

Dominic espera que ese espíritu perdure mucho más allá del 25.º aniversario de la empresa. 

«La empresa nació para hacer realidad las ideas que teníamos en mente.  Ante todo, es un espacio para crear, colaborar y sentirse realizado».  

En retrospectiva, esas palabras quizá sean la forma más sencilla de contar la historia de IMPACK. 

La empresa comenzó sin una fábrica, con pocos equipos y sin la certeza de que sus ideas funcionarían. Lo que sí tenía era un pequeño grupo de personas dispuestas a crear, experimentar, aprender y seguir adelante. 

Veinticinco años después, la empresa ha alcanzado otra dimensión.  

El impulso por crear sigue intacto.